De Simone de Beauvoir al ecofeminismo: la evolución de la conciliación frente al feminismo y lactancia en el ámbito laboral
Históricamente, la relación entre feminismo y lactancia ha estado llena de tensiones. Durante décadas, la búsqueda de la igualdad cayó en la trampa de asimilar el éxito femenino al patrón productivo masculino. Se asumió de forma casi unánime que el trabajo remunerado en la esfera pública era lo único verdaderamente valioso, mientras que el trabajo reproductivo y de cuidados quedaba relegado a un segundo plano, desprovisto de valor intelectual o social.
Para entender cómo hemos llegado a defender la lactancia como un derecho y no como una carga, es necesario mirar hacia atrás y analizar las corrientes teóricas que han moldeado nuestra visión de la crianza.
Las cuatro grandes olas de la maternidad y los cuidados
A lo largo de las últimas décadas, el pensamiento entorno al feminismo y lactancia ha evolucionado drásticamente en su manera de entender el papel de la madre. Lo que comenzó como un rechazo a los cuidados por considerarlos una imposición, se ha transformado poco a poco en una reivindicación de la crianza como un proceso vital y de gran valor político. Estas son las cuatro etapas clave de este cambio de paradigma:
El Feminismo de la Igualdad: La emancipación como huida
Durante los años 60 y 70, con referentes como Simone de Beauvoir, la teoría feminista hegemónica planteó que la maternidad era la cadena principal que ataba a las mujeres a la subordinación. En este contexto inicial, la relación entre feminismo y lactancia se percibía como una contradicción insalvable; la liberación se entendió como el derecho a desarrollarse y trabajar sin cargas familiares, adoptando un estándar androcéntrico que exigía romper con el destino biológico de los cuidados.
La crisis de la externalización y el sesgo de clase
Con la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral, el sistema no adaptó sus estructuras para integrar la vida familiar. La solución rápida fue externalizar los cuidados, delegándolos en escuelas infantiles o, en algunos casos, en mujeres jóvenes, migrantes o de clases desfavorecidas. Autoras como Silvia Federici alertaron sobre esta trampa: el sistema no había resuelto el problema del cuidado, solo lo había mercantilizado, liberando a unas mujeres a costa de invisibilizar a otras.
El Feminismo Matricéntrico: Institución frente a experiencia
El gran punto de inflexión teórico llegó con Adrienne Rich y Andrea O’Reilly. Ellas separaron la «maternidad como institución patriarcal» (aquella que impone aislamiento, sacrificio y culpa) de la «maternidad como experiencia», reconociendo el vínculo biológico y afectivo como algo profundamente empoderador. Desde esta óptica, amamantar y dedicar tiempo a nuestros hijos redibuja el vínculo entre el feminismo y lactancia, convirtiéndolo no en una sumisión al machismo, sino en una forma de resistencia política frente a un mercado que exige separar a la madre del bebé para devolverla inmediatamente a la cadena de producción.
El Ecofeminismo y la «Maternidad Desobediente»
Es la corriente más actual, impulsada por voces expertas en la economía de los cuidados. Reivindican que nuestra sociedad es ecodependiente e interdependiente, y rechazan que la equidad pase por ignorar las necesidades biológicas del inicio de la vida. Esta «maternidad desobediente» reivindica el puerperio y la lactancia exigiendo una corresponsabilidad real: no solo a la pareja, sino al Estado, mediante permisos amplios y redes de apoyo sólidas.
El mapa mundial de la crianza: Cómo resuelven los países la tensión
Las políticas de Estado han generado modelos de crianza radicalmente distintos según las prioridades productivas de cada país, evidenciando cómo el cruce entre el feminismo y lactancia se gestiona de formas opuestas a lo largo del globo:
El modelo francés (Feminismo asimilacionista): Influenciado por autoras como Élisabeth Badinter, este modelo mira con recelo el apego físico prolongado y prioriza la reincorporación laboral casi inmediata mediante una enorme red estatal de guarderías (crèches). Al presionar socialmente para separar a la diada de forma temprana, Francia mantiene históricamente unas de las tasas de lactancia materna más bajas de Europa.
El modelo escandinavo (El Estado cuidador): Operando bajo el sistema del «doble sustentador y doble cuidador», países como Suecia o Noruega intervienen ofreciendo permisos parentales superiores a un año, bien remunerados y con cuotas intransferibles. Esto protege el inicio de la vida y sostiene tasas altísimas de lactancia. Sin embargo, sigue siendo un modelo centrado en el empleo: superado ese año, se asume la vuelta al trabajo a tiempo completo.
El modelo anglosajón (El feminismo neoliberal): En Estados Unidos, la ausencia de permisos de maternidad remunerados a nivel federal convierte la crianza en una cuestión puramente privada. La lactancia y el cuidado se transforman en un privilegio de clase: las rentas altas practican una crianza intensiva externalizada, mientras que las clases trabajadoras se ven abocadas a la separación a las pocas semanas del parto.
Feminismo y lactancia: el debate en España y nuestro papel actual
En España nos encontramos en el epicentro de un fuerte debate sociopolítico. Nuestro Estado de bienestar tardío siempre ha dependido de la red familiar para sostener los cuidados. Hoy, con unos permisos de nacimiento de 17 semanas intransferibles hasta el primer año, más dos semanas remuneradas hasta los ocho años (sumando un total de 19 semanas por progenitor) a lo que cabría sumar la compactación del permiso de lactancia, el choque entre el feminismo y lactancia y las estructuras productivas sigue siendo más evidente que nunca.
Por un lado, una corriente institucional exige más inversión en plazas de 0 a 3 años. Por otro, desde la perspectiva de los cuidados y la salud pública, se sigue denunciando que estas medidas siguen siendo claramente insuficientes. Frente a ello, desde el movimiento pro-lactancia mantenemos viva la reivindicación histórica de ampliar los permisos hasta las 26 semanas, el umbral mínimo indispensable para poder garantizar de forma real la lactancia materna exclusiva recomendada, evitando forzar a las familias a una externalización prematura de los cuidados.
Defender la lactancia materna y exigir tiempo de crianza no es reclamar un retroceso hacia la dependencia. Es un desafío directo al paradigma que nos impone elegir entre tener plenos derechos laborales o cuidar de nuestros hijos. La verdadera transformación social pasa por exigir que el ámbito público acoja, valore y sostenga la crianza como el trabajo más esencial e insustituible de nuestra sociedad.
Es precisamente en el marco de esta necesaria reflexión donde se inscribe la participación de Julia Cañero Ruiz en la II Jornada Nacional FEDALMA. Con su ponencia titulada «Yo crío en feminismo: Lactancia y corresponsabilidad social», Julia tomará el relevo para aportar su visión sobre este cruce vital entre los cuidados, el activismo y la responsabilidad colectiva.
Te esperamos el 23 y 24 de octubre en Jerez de la Frontera junto al Grupo REGAZO.
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Josep López Vaño – Concurso Fotográfico Lactancia Materna Marina Alta – Edición 2025 – Premio “Lactancia materna en el trabajo”. www.grupnodrissa.org
