Con motivo del próximo Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, nos sumamos al llamamiento global para proteger al personal de socorro en zonas de crisis.
Paralelamente, reivindicamos que la protección de la lactancia en emergencias y el sostenimiento de las madres lactantes constituyen la intervención logística más eficaz para salvar la vida de los bebés ante cualquier catástrofe.
Cada 19 de agosto, el mundo conmemora el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, una fecha instituida por la ONU en recuerdo de las 22 personas que perdieron la vida en el atentado contra el hotel Canal de Bagdad en 2003. Más de dos décadas después, la labor humanitaria no solo no se ha vuelto más segura, sino que enfrenta un escenario sin precedentes: sistemas desbordados, escasez de financiación y un alarmante aumento de ataques contra el personal de socorro en zonas de conflicto.
Bajo el lema de este año, «Proteger a quienes protegen a la humanidad», y con el foco puesto en fortalecer la solidaridad global, la comunidad internacional alza la voz para exigir rendición de cuentas y el fin de la impunidad ante las violaciones del derecho internacional humanitario. Las mujeres y hombres que arriesgan sus vidas en campos de refugiados, zonas de desastre o escenarios de guerra no pueden ser un objetivo militar. Cuidar y proteger a quienes cuidan es el pilar mínimo para preservar nuestro sentido de humanidad.
Cuidar a la cuidadora: La madre como primera línea de auxilio
Este principio de «proteger a quien protege» tiene una traducción directa y vital cuando analizamos la supervivencia de los más pequeños en contextos de crisis. En medio de un terremoto, una inundación o un conflicto armado, la madre lactante es la primera agente humanitaria de su bebé; su cuerpo constituye el único refugio biológico, térmico, nutricional y emocional capaz de salvarle la vida.
Sin embargo, el hambre extrema, el desplazamiento forzado y la falta de un entorno seguro amenazan de forma crítica esta capacidad. Los datos documentados por los equipos médicos de Save the Children sobre la crisis en la Franja de Gaza revelan una realidad estremecedora: de 29.000 mujeres embarazadas y lactantes evaluadas, más de 20.000 requieren suplementación nutricional urgente. De hecho, más del 40% de las mujeres atendidas en sus clínicas presentan desnutrición clínica grave.
Ante la desesperación y la falta de suministros, se documentan situaciones límite donde las madres recurren a diluir garbanzos molidos o tahini con agua para alimentar a los lactantes. En un contexto donde los sistemas de agua potable y saneamiento han colapsado, preparar estas mezclas o sucedáneos con agua contaminada supone un riesgo extremo de infecciones gastrointestinales y muerte por deshidratación.
La respuesta de los organismos internacionales ante estas emergencias es tajante: la primera medida de auxilio logístico no consiste en enviar sucedáneos de leche materna de forma indiscriminada, sino en proteger, alimentar y dar refugio a la madre.
La neuroendocrinología del trauma: Desmontando el mito del «susto»
Al abordar la lactancia en emergencias, es urgente desterrar falsas creencias arraigadas que causan estragos en la salud pública, como la idea de que «el estrés o un fuerte susto secan la leche definitivamente». La fisiología neuroendocrina explica con absoluta claridad lo que, en algunos casos, puede ocurrir en el cuerpo de una madre ante una situación de pánico:
- La prolactina no se detiene: La hormona responsable de la producción de leche en la glándula mamaria sigue sintetizándose. La leche continúa estando presente en el pecho.
- El bloqueo de la oxitocina por adrenalina: Ante una amenaza grave, el sistema nervioso simpático libera grandes dosis de adrenalina. La adrenalina provoca vasoconstricción y bloquea de forma directa la liberación de oxitocina, la hormona encargada de contraer los conductos para que la leche salga (reflejo de eyección).
Fisiológicamente, el cuerpo en modo de supervivencia puede bloquear temporalmente la salida de la leche. La leche no ha desaparecido, pero el «grifo» queda cerrado mientras persista el pico de pánico.
Si en ese momento crítico el entorno asume que la madre «ha perdido la leche» y la sustituye por otro alimento, se interrumpe el estímulo de la succión, cae la prolactina y se produce un destete secundario real que pudo haberse evitado. Por el contrario, si la intervención humanitaria proporciona un entorno seguro, contención, agua y apoyo emocional, los niveles de adrenalina descienden, la oxitocina vuelve a fluir y el amamantamiento se restaura de forma natural.
La protección de la lactancia en emergencias: respuestas globales que funcionan
Proteger la lactancia en emergencias no es una teoría, es una práctica logística contrastada en el terreno a nivel global:
Rincones de Lactancia en desastres naturales (Venezuela): Tras los recientes sismos de magnitud 7.2 y 7.5 ocurridos a finales de junio de 2026, UNICEF desplegó en campamentos temporales como el de La Guaira espacios seguros denominados «Rincones de Lactancia«. Testimonios oficiales desde el terreno, como el de Jairibel, una madre desplazada, relatan cómo la lactancia se convierte en el único salvavidas nutricional ante la pérdida del hogar. Además, este contacto físico y vínculo emocional ayuda a los lactantes a calmar la ansiedad frente al estrés del desastre.
Programas de protección económica y sanitaria (Sudán): En contextos de conflicto armado, la ayuda humanitaria pone el foco directamente en la madre. El proyecto SANAD, impulsado por UNICEF en regiones sudanesas como Gedaref o el Mar Rojo, dirige transferencias de efectivo combinadas con apoyo en salud y nutrición específicamente a mujeres embarazadas y lactantes. Proteger económicamente a la madre frente a la inseguridad alimentaria es el cortafuegos más directo para evitar la desnutrición infantil.
Un compromiso ético y colectivo
En este próximo Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, desde FEDALMA reafirmamos nuestro compromiso con el respeto al Derecho Internacional Humanitario. Exigimos la protección efectiva de todas las personas que trabajan en la entrega de ayuda en zonas de crisis y reivindicamos que la salud laboral y la seguridad de quienes cooperan sean una prioridad innegociable.
De la misma manera, recordamos a las instituciones que integrar el apoyo a la lactancia en emergencias y cuidar a la madre es cuidar a la infancia. Proporcionarles espacio, alimento, agua potable y seguridad no es un privilegio; es la intervención de salud pública más austera, humana y eficaz para garantizar que la vida siga abriéndose paso, incluso en medio del abismo.
El valor de la red: recursos y apoyo
Ninguna madre debería enfrentarse sola a la incertidumbre, ni en un contexto de crisis global ni en las dificultades de su día a día. Proteger la lactancia en emergencias nos demuestra que el apoyo estructurado, la información rigurosa y la contención emocional son salvavidas reales.
Si necesitas información fiable y basada en evidencia, te invitamos a consultar nuestra Guía de Lactancia. Y si buscas un espacio seguro donde tu voz sea escuchada y tus dudas atendidas, encuentra tu Grupo de Apoyo Local en nuestro directorio nacional. Porque hasta que las instituciones nos sostengan a todas como merecemos, nosotras nos sostenemos mutuamente.
