El pasado 6 de diciembre de 2025 nos dejó el Dr. Adriano Cattaneo. Para el mundo académico, se ha ido un epidemiólogo brillante, una figura clave de la OMS y UNICEF, y un autor prolífico. Pero para nosotras, para los grupos de apoyo y para quienes formamos FEDALMA, se ha ido mucho más que un científico.
Se ha ido el hombre que nos dio las herramientas para defendernos. Se ha ido el maestro que, con humildad y rigor, transformó la lactancia materna: dejó de ser un «asunto íntimo de mujeres» para convertirse en una cuestión de Salud Pública medible, exigible y científica.
El epidemiólogo que bajó a la arena
Adriano no era un médico que miraba desde el pedestal. Era un científico del dato que entendió, antes que nadie, que lo que no se mide, no existe.
Su obsesión era la evidencia. En un mundo lleno de opiniones y presiones comerciales, él nos enseñó a buscar la verdad en los números. Como epidemiólogo en Trieste y colaborador internacional, dedicó su vida a limpiar la literatura científica de «ruido» para encontrar aquellas intervenciones que realmente funcionan. Y lo que encontró fue que el apoyo desde el sector social, el apoyo «madre a madre», es una de las herramientas más potentes que existen.
Su legado en FEDALMA: «Lo que no ven dos ojos, lo ven cuatro»
Quienes tuvimos la suerte de escucharle en el Congreso FEDALMA de 2005 [pdf], recordamos su ponencia no como una lección magistral, sino como una invitación al empoderamiento.
Releyendo hoy sus palabras de hace 20 años, su mensaje resuena con una vigencia estremecedora. Adriano nos dijo que los médicos, a menudo «obnubilados por la tecnología«, carecían del sentido común que tienen las madres. Nos recordó que los grupos de apoyo no somos meras espectadoras, sino un «observatorio privilegiado sobre lo que pasa en la comunidad«, capaces de ver los problemas reales que escapan a los servicios de salud.
Nos enseñó a leer críticamente la ciencia. Nos advirtió de que «la mayoría de los artículos publicados no son muy útiles» y nos animó a trabajar en grupo para separar el grano de la paja, porque «lo que no ven dos ojos lo pueden ver cuatro«. Nos trató, en definitiva, como compañeras de investigación.
Una asignatura pendiente: El caos de los datos en España
Pero el mejor homenaje que podemos hacerle a Adriano no es solo recordarle, sino terminar el trabajo que él empezó.
En aquella ponencia de 2005, Adriano ya nos advertía de un problema grave que, tristemente, sigue vigente en España: la falta de datos comparables. Nos explicó que sin definiciones estandarizadas (como las que propuso la OMS para la lactancia exclusiva o predominante), «es casi imposible hacer comparaciones« entre regiones o países.
Hoy, dos décadas después, España sigue sin un sistema unificado de monitorización de la lactancia. Seguimos navegando en ese mapa borroso del que él nos alertó, donde cada Comunidad Autónoma mide (si es que mide) a su manera.
Adriano nos dejó la metodología. Nos enseñó que la introducción temprana de suplementos innecesarios (como suero glucosado o fórmula) en el hospital es un predictor del fracaso de la lactancia. Nos enseñó a diferenciar los matices para poder exigir políticas públicas eficaces. Nos falta, como sociedad, la voluntad política para aplicar su rigor.
Gracias, maestro
Adriano Cattaneo cerraba sus intervenciones recordándonos que la carga de la prueba no está en nosotras. Nos decía que «la lactancia es lo normal y lo fisiológico, y por lo tanto, son los que dudan los que tienen la responsabilidad de demostrar que una nueva intervención es mejor«.
Gracias, Adriano, por darnos la ciencia para defender lo obvio. Gracias por enseñarnos a contar, para que cada gota y cada madre cuenten. Tu legado sigue vivo en cada grupo de apoyo que utiliza la evidencia para sostener la vida.
Hasta siempre, compañero.
