Culpa en la lactancia como negocio: La trampa emocional de la industria.

la culpa en la lactancia

El reciente informe de la OMS lo confirma: la industria utiliza el chantaje emocional, los miedos maternos y la culpa en la lactancia como estrategia de marketing para silenciar el debate científico 

La salud pública emite recomendaciones constantes basadas en la evidencia empírica. A ningún cardiólogo se le exige que pida perdón por recomendar hacer deporte para no «herir las sensibilidades» de quien no pisa un gimnasio. En el ámbito cotidiano ocurre exactamente lo mismo: a ninguna familia se le pide que se disculpe o que baje la voz al explicar que ofrece una dieta saludable a sus hijos, por miedo a ofender a quienes consumen bollería industrial.

Sin embargo, cuando hablamos de la forma en la que alimentamos a los bebés, las reglas del juego cambian. La evidencia científica de la lactancia materna es irrefutable, pero a menudo nos vemos abocadas a un ejercicio de contorsionismo verbal y disculpas preventivas.

¿Por qué este es el único campo de la salud pública donde la información objetiva se percibe automáticamente como un ataque personal? La respuesta corta es tan incómoda como real: porque la culpa en la lactancia es una estrategia de marketing.

1. El origen de la trampa: el negocio de la culpa en la lactancia

La culpa no es un sentimiento inherente a la maternidad, ni nace de las voluntarias de apoyo o de los profesionales que las acompañan. Lo que hoy sufrimos es el resultado de décadas de mensajes sutiles; una emoción que ha sido estratégicamente inculcada e instrumentalizada por la industria comercial a lo largo del tiempo.

Las empresas productoras de sucedáneos saben que no pueden ganar la batalla en el terreno científico, puesto que la fórmula no puede igualar la complejidad del tejido vivo que es la leche humana. ¿Su solución? Competir en el terreno emocional.

Esta no es una opinión, es un hecho respaldado por el macroestudio global publicado en 2022 por la OMS y UNICEF. En su informe How the marketing of formula milk influences our decisions on infant feeding, la OMS detalla cómo la industria utiliza los miedos y el pánico a «no ser una buena madre».

Se apropian del discurso de la empatía con campañas masivas centradas en el mensaje: «No te sientas culpable, lo importante es que el bebé sea feliz». Con este movimiento estratégico, la marca comercial se erige como la «salvadora comprensiva» e induce a que se perciba a las organizaciones sociales y profesionales sanitarios como figuras que evalúan y juzgan. Aliviar la culpa en la lactancia, según advierte la OMS, es su mejor herramienta de fidelización.

2. El «Efecto del Oso Blanco» y el secuestro de nuestro discurso

Las asociaciones de apoyo a la lactancia hemos caído muchas veces en esta trampa. Desde la sociología de la comunicación, esto se conoce como la Teoría del Proceso Irónico (o el problema del oso blanco). Si te dicen «no pienses en un oso blanco», tu cerebro solo piensa en eso. Si empezamos un congreso, un taller o una publicación diciendo «Por favor, que nadie se sienta culpable», estamos asociando subliminal y eternamente la lactancia materna con la culpa.

Este fenómeno deriva en lo que se conoce como tone policing (o policía del tono): se nos exige que rebajemos el discurso científico, escondamos datos y censuremos nuestra divulgación por miedo a ofender.

La respuesta a esta trampa no es silenciar la evidencia empírica, sino hacer una autocrítica institucional profunda. En los últimos años, tanto desde nuestra Federación como en los principales foros sociosanitarios, hemos reflexionado abiertamente sobre cómo antiguos eslóganes de promoción (como el mantra «Dar el pecho es dar amor») resultaban reduccionistas. Esos mensajes simplistas invisibilizaban las barreras sistémicas y transmitían un mensaje implícito devastador para quienes enfrentaban dificultades.

La trampa de la culpa en la lactancia nos ha llevado a confundir el respeto interpersonal con la censura científica. Como señala la filósofa británica Fiona Woollard, a nivel individual ninguna mujer debería tener que justificar cómo alimenta a su bebé; las decisiones íntimas no se juzgan. Sin embargo, utilizar este respeto como excusa institucional para diluir la evidencia empírica es una vulneración del derecho a la autonomía de las mujeres.

Si por miedo a herir sensibilidades el sistema sanitario y social lanza el mensaje de que «da igual lo que decidas, todo es exactamente lo mismo», estamos enviando un mensaje letal en tres direcciones:

  • Se oculta información vital a las mujeres tratándolas de forma paternalista.
  • Se invalida el inmenso esfuerzo físico y emocional de las madres que han logrado sostener su lactancia, reduciendo el amamantamiento a un mero ‘estilo de vida’ en lugar de un patrón biológico de salud pública.
  • Silenciamos de un plumazo el dolor legítimo de quienes deseaban amamantar y no pudieron por barreras médicas o falta de apoyo. Si «todo es igual», el duelo por una lactancia truncada pierde su sentido y la madre se queda sola con su pérdida.

 

Debemos transitar del imperativo rígido hacia el respeto profundo por la historia vital de cada mujer y la defensa de un amamantamiento disfrutado y sostenido por la comunidad, pero garantizando siempre el acceso a la verdad científica.

3. El fin del paternalismo: de la disculpa a la indignación

Ocultar la ciencia a las mujeres adultas bajo un falso intento de protección es un paternalismo inaceptable que infantiliza a las madres. Tienen el derecho fundamental a recibir información veraz para tomar decisiones libres sobre su propio cuerpo.

Desactivemos el uso comercial de la culpa en la lactancia. La culpa implica un acto moralmente reprochable. Si una madre decide libremente, desde el primer minuto, no amamantar, estamos ante un ejercicio de soberanía corporal. Es una decisión absolutamente respetable que no requiere perdón, disculpa ni cuestionamiento externo, del mismo modo que no se nos exige justificar el resto de nuestras decisiones vitales o nutricionales.

Pero si una madre deseaba amamantar y su lactancia se truncó por falta de apoyo, por malos consejos, por no recibir un diagnóstico clínico sobre la causa de su dolor o por tener que reincorporarse a su trabajo remunerado, es completamente lícito y humano que sienta frustración, tristeza o incluso esa culpa instrumentalizada en nuestra contra. Nuestro papel no es decirle qué debe sentir, sino acompañarla para que pueda reconocer que la responsabilidad no fue suya, ni de su cuerpo ni de su voluntad, sino de un sistema sociosanitario y laboral que le dio la espalda.

Comprender esta realidad es lo que permite que el dolor y el aislamiento den paso, de forma natural y profundamente legítima, a la indignación. Y es esa indignación el verdadero motor que genera cambios sociales. Nosotras seguiremos informando con asertividad y calidez. Es el sistema el que debe pedir perdón, no nosotras.

Frente a la interferencia comercial, nuestra mejor respuesta sigue siendo la información veraz y la red comunitaria. Con el impulso de nuestra recién clausurada II Jornada Nacional en Jerez, comenzamos a trazar el camino hacia nuestro XXI Congreso Nacional 2027 en Cazorla, donde seguiremos trabajando juntas para «dar luz a lo invisible». Si necesitas acompañamiento o quieres sumar tu voz, busca tu asociación local en nuestro directorio. El sistema falla, pero la red sostiene.