Lactancia y Servicios Sociales: Cuando la burocracia desteta

lactancia y servicios sociales. madre con recién nacido a la que le quitan la custodia

Los protocolos de Lactancia y Servicios Sociales tienen un grave ‘punto ciego’: ignoran que, cuando no existe un riesgo directo, interrumpir el amamantamiento daña al niño y revictimiza a la madre.

Proteger al menor no puede significar vulnerar sus derechos

En las últimas semanas, la relación entre lactancia y servicios sociales ha generado preocupación tras las noticias sobre separaciones forzosas de recién nacidos y lactantes de sus madres biológicas.

Coincidiendo con el próximo Día Mundial de la Justicia Social (20 de febrero), queremos recordar que no hay justicia real si se vulneran los derechos de los más vulnerables. 

Desde FEDALMA no entramos a valorar los motivos judiciales que llevan a una retirada de tutela; esa no es nuestra competencia. Sin embargo, no podemos guardar silencio ante el cómo se ejecutan estas medidas y el impacto devastador que tienen en la salud materno-infantil.

Existe una confusión peligrosa en los protocolos: se asume que retirar la tutela implica necesariamente cortar el vínculo físico y nutricional. Y no es así. Proteger al niño de un entorno de riesgo no debería implicar privarle de su principal fuente de salud y afecto, especialmente cuando la madre tiene la voluntad y la capacidad de seguir amamantando.

1.  Lactancia y Servicios Sociales: Retirada de tutela y separación de la madre (Violencia por omisión)

Cuando los Servicios Sociales actúan, su prioridad es la seguridad del menor. Pero a menudo olvidan que la seguridad de un bebé también es biológica.

Si se separa a un lactante de su madre y se restringen las visitas a «una hora semanal», se le está cortando su fuente de nutrición, inmunidad y regulación emocional. Un juez puede dictar una orden de alejamiento, pero la biología no entiende de plazos. Para un bebé, la desaparición repentina del pecho es un trauma añadido a la propia separación.

 

2. No castigar a quien ya es víctima

Aquí llegamos a un punto crucial. En muchas ocasiones, la retirada de tutela no se debe a que la madre haya agredido al bebé, sino a situaciones de vulnerabilidad social, precariedad o porque la madre misma es víctima de violencias externas.

En estos casos, impedir la lactancia se convierte en una doble condena:

  • Para el niño: Que pierde su anclaje seguro en medio del caos.
  • Para la madre: A quien se le niega la capacidad de cuidar y nutrir, a menudo la única herramienta que le queda para reparar el vínculo.

 

Tal y como documentan las doctoras Ibone Olza, Carmela Baeza y Elia Oliva en su reciente estudio (2025) en relación a los servicios sociales y lactancia,
«Lactancia interrumpida por servicios sociales: a propósito de un caso«, el sistema tiende a «patologizar» el deseo de la madre de continuar amamantando, viéndolo como un obstáculo en lugar de como una fortaleza. Se ignora que mantener la lactancia puede ser, precisamente, la herramienta terapéutica que ayude a esa familia a recuperarse en el futuro.

Si la leche no es un riesgo, ¿por qué retirarla? 

Si la madre está sana, dispuesta y no ha ejercido violencia física contra el bebé, la lactancia debería ser un derecho protegido (recursos legales FEDALMA), independientemente de quién tenga la tutela legal en ese momento.

 

3. Protocolos de Lactancia y Servicios Sociales: nuestras propuestas

Es urgente que las instituciones (DGAIS y organismos de protección) actualicen sus protocolos para alinearse con la evidencia científica y los Derechos Humanos.

Proponemos tres medidas básicas para cuando la separación física se considere inevitable:

  1. Presunción de lactancia: La lactancia debe considerarse un bien a proteger mientras se realizan las investigaciones, salvo contraindicación médica explícita.
  2. Facilitar, no obstruir: Si la madre no puede pernoctar con el bebé, se deben establecer visitas diarias para las tomas o facilitar la logística para que el niño reciba la leche extraída.
  3. No revictimizar: Entender que apoyar la lactancia es una forma de mitigar el trauma de la separación para ambos. Cortar el vínculo lácteo no protege al niño; lo deja más vulnerable.

 

En relación a la Lactancia y Servicios Sociales, el sistema debe dejar de actuar con frialdad burocrática ante un bebé amamantado. La tutela legal puede cambiar de manos temporalmente, pero el derecho a ser amamantado pertenece al niño, y nadie debería tener la potestad de romper ese vínculo sin una causa sanitaria justificada.

Este posicionamiento se apoya en la publicación científica «Lactancia interrumpida por servicios sociales: a propósito de un caso» (Revista de Lactancia Materna, 2025), que documenta el impacto de estas prácticas. (Artículo Completo)