En nuestro podcast FEDALMA, el reconocido pediatra Carlos González nos invita a dejar atrás las culpas, las normas rígidas y la desinformación.
Repasamos las claves de una charla llena de evidencia y, sobre todo, de mucha tranquilidad para las familias.
A veces, la maternidad en pleno 2026 parece más un examen continuo que una experiencia vital. Entre el bombardeo de información de las redes sociales, los consejos no pedidos y los protocolos desfasados, las madres navegamos en un mar de dudas y, a menudo, de culpas.
Para poner un poco de orden (y cordura) en todo esto, en nuestro podcast FEDALMA de febrero, hemos tenido el inmenso placer de charlar con el pediatra Carlos González.
En una conversación muy cercana guiada por nuestra compañera Eva González (de la Asociación ALMA de A Coruña), y fiel a su estilo directo, irónico y profundamente empático, Carlos ha derribado uno a uno los mitos que siguen pesando sobre las espaldas de las madres lactantes.
Aquí te resumimos las grandes lecciones que nos ha dejado esta imprescindible conversación.
1. La tiranía de la báscula: Tu bebé no es una hoja de cálculo
¿Por qué seguimos criando con la báscula en la mano? Según Carlos González, la respuesta es simple: «Porque las básculas son baratas y las tenemos en las consultas desde el siglo XIX».
Es fundamental controlar el peso en los primeros días de vida para asegurar que todo marcha bien. Sin embargo, pesar a un bebé sano cada semana a partir de los 3 o 4 meses genera una angustia innecesaria. El crecimiento no es lineal. Es completamente normal que la ganancia de peso se ralentice con los meses.
Como bien recuerda el pediatra: «Si ganasen siempre lo mismo, las curvas de percentiles serían líneas rectas». Un bebé mayor puede no ganar peso en un mes porque ha estado resfriado, ha empezado la escuela infantil o simplemente porque acaba de hacer pis antes de subirse a la báscula.
Si tu bebé está sano, activo y feliz, suelta la báscula.
2. La dieta de la madre lactante: Ni las alcachofas son malas, ni hay que tirar la leche por una copa
Seguimos arrastrando el mito de que la madre lactante debe comer a base de dietas estoicas. ¿Dan las alcachofas o los ajos mal sabor a la leche? Sí, los sabores pasan, pero como dice Carlos González: «Si a ti te gusta ese sabor, ¿qué te hace pensar que a tu hijo no le va a gustar?». Esos cambios preparan al bebé para los sabores de la dieta familiar.
El tema del alcohol siempre genera debate. La recomendación médica universal es clara: el alcohol es perjudicial y la mejor cantidad es cero. Sin embargo, si en un evento puntual tomas una cerveza o una copa de vino, no necesitas extraerte y tirar la leche. El alcohol pasa rápidamente a la leche, pero también sale de ella con rapidez a medida que se metaboliza en la sangre materna.
El consejo práctico de Carlos González es revelador: «Si crees que ya estás en condiciones de conducir sin dar positivo, también puedes dar el pecho».
Lo verdaderamente peligroso del alcohol no es la pequeña fracción que pasa a la leche, sino el riesgo de caídas, de descuidos o de accidentes de tráfico bajo sus efectos.
3. Medicamentos y lactancia: Prohibido sufrir sin motivo
Es desolador ver cuántas madres soportan dolores terribles (migrañas, pinzamientos) o abandonan tratamientos importantes porque algún profesional desactualizado les ha dicho que «dando el pecho no puedes tomar nada».
La inmensa mayoría de los medicamentos habituales (como el ibuprofeno) son perfectamente compatibles con la lactancia. Para salir de dudas, Carlos González recomienda encarecidamente acudir a fuentes fiables elaboradas por expertos, como e-lactancia.org (en español) o LactMed (en inglés).
Y un aviso importante:
No te asustes si ves un color amarillo en estas webs, lee la explicación detallada; a menudo el riesgo es solo para bebés muy prematuros o recién nacidos, no para un bebé de 8 meses.
4. Alimentación complementaria (BLW): Menos requisitos y más sentido común
El famoso Baby-Led Weaning (BLW) con el tiempo se ha rodeado de tantas normas y «requisitos» que parece ingeniería aeroespacial. Carlos González nos baja a la tierra: el BLW es, básicamente, lo que hacían nuestras abuelas antes de que se inventaran las batidoras eléctricas.
Consiste en ofrecer la misma comida sana de la familia, adaptando el formato (sin huesos, sin espinas, en trozos seguros) y sin obligar jamás al niño. No te agobies si tu bebé de 11 meses come poco o si alguien te dice que «no cumple el requisito de sentarse perfectamente solo en una silla».
Los bebés de 6 meses no se sientan solos en un taburete sin caerse, para eso existen las tronas o el regazo de sus padres.
Si el bebé intenta coger la comida y llevársela a la boca, está listo para la alimentación complementaria.
5. El gran debate del sueño: No existen los métodos mágicos
Si hay una industria lucrativa, es la de intentar enseñar a dormir a los niños. Los estudios científicos más rigurosos demuestran que los «métodos de adiestramiento del sueño» en menores de 5 años apenas logran que los niños duerman, de media, unos escasos 5 a 10 minutos más por noche. Un esfuerzo titánico para un resultado nulo.
Cada niño nace con un temperamento distinto. Algunos duermen mucho desde el principio y otros se despiertan constantemente. No es culpa tuya. No es «porque lo acostumbraste a los brazos».
Para sobrevivir a las noches, la clave es buscar la configuración que permita a toda la familia descansar mejor. Si el colecho os salva la vida, hacedlo de forma segura. La única línea roja real y peligrosa que destaca el pediatra es el tabaco. Fumar (incluso si no se fuma en la habitación) y meter al bebé en la cama aumenta significativamente el riesgo de muerte súbita.
Si fumas, el bebé debe dormir en su propia cuna (en la misma habitación) durante sus primeros tres meses.
Conclusión: Haz lo que puedas
Nos quedamos con el gran mensaje final de Carlos González para todas las madres que crían sintiendo el peso del mundo y de las opiniones ajenas. Al fin y al cabo, las diferencias en el desarrollo de los niños dependen mucho más de su propio temperamento o de su entorno social futuro, que de si practicaste o no colecho, hiciste BLW o le ofreciste purés.
Por eso, aunque recordó con acierto aquel viejo refrán que reza «quien hace lo que puede y da lo que tiene, no está obligada a más», su verdadero consejo fue mucho más directo:
«Nunca tengas miedo de demostrarle a tu hijo lo mucho que lo quieres.»
Así que cógelo en brazos, confía en tu instinto, suelta la culpa y respira. Lo estás haciendo bien.
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🫂 Y recuerda, si tienes dudas con tu lactancia o simplemente necesitas sentirte escuchada, no estás sola: busca el abrazo de tu tribu en nuestro Directorio de Grupos de Apoyo de FEDALMA.
